Cuando las circunstancias nos
dañan o nos afectan y no logramos entender ¿Qué es lo que nos sucede? permitimos
que la emoción se quede habitando en nuestro interior, afectando nuestro
proceder y haciendo que la desconfianza, pesimismo, apatía, la falta de fe, se
vayan apoderando de nosotros.
El dolor, los miedos que cada uno
lleva consigo; al no ser enfrentados contribuyen a generar una sociedad
apática, egoísta y violenta.
Esos habitantes internos ¡Nos
hacen sentir tan mal! Que con el mínimo roce reaccionamos ante una persona que
no la debe ni la teme; gritando o de alguna forma violenta hacia el otro. ¡A
veces lo que se carga es tanto! que la violencia que se origina, llega a sobre
pasar lo que creías ser capaz de hacer.
El aprender a manejar y observar nuestras
emociones, no tan solo nos beneficia a nosotros, sino que también a la sociedad
entera. Pues es en la conciencia de nuestra experiencia, la forma en como nos
abrimos paso a nuevas experiencias, a nuevas formas de llevarnos por la vida
ganando libertad.
Una libertad en donde no cargamos
con culpas, ni pesares; logramos soltar la tristeza que nos invade y le damos
lugar a otros sentimientos que son más agradables al ser humano.
Es importante observar las
emociones, hablar de ellas y dejarlas manifestar. Son parte del ser humano, esas
creencias de “Calladita te ves más bonita” “Los niños no lloran” entre otras. Es
un estigma del pensamiento patriarcal que no permite reconocernos, nos censura,
nos prohíbe. Un pensamiento que divide, cuarta la unidad viva y sensible que
somos. Dejando la puerta abierta del inconsciente para volvernos manipulables.
Somos seres humanos, aunque a veces
nos manifestamos más como costales de emociones andantes que como seres con
huesos, pero aun así no hay que negar lo que somos y las emociones, así como
nuestros pensamientos, son parte de nosotros y nos constituyen en unidad.
Esto no significa que te
manifestarás de manera violenta, extremista, que escupirás todo lo que duele
sin pensar. Pues también hay que pensar en el otro, en ¿Cómo se verá afectado
con mis palabras? ¿Qué sentiría yo si me dijeran lo que quiero decir?
Recordemos que somos seres sociales y que nuestro comportamiento se extiende resonando
de diferentes formas en los otros.
Por eso es importante la
inteligencia emocional, ir al psicólogo, perdonar, hacer deporte, comunicarse y
entenderse empáticamente con el otro, etc. Las vías son bastas y diferentes,
pero en sí, se trata de darse el tiempo de parar y escucharse, de mirar dónde
estás y hacia dónde quieres dirigirte. Las respuestas de lo que tienes que
hacer están dentro de ti, cada quien lleva sus procesos como mejor les quede; mírate
en la libertad de tomar vías ya establecidas o inventar tu propio sendero.
Lo importante es que transites
por la vía del entendimiento contigo mismo, de reconocerte y conocer quién
habita en tu cuerpo. Empoderarte para que nadie venga a cuentearte, agredirte,
disminuirte o manipularte.
¿Se imaginan una sociedad integrada
por personas que se entienden como seres humanos, que comprenden sus virtudes,
valores, sus deseos y necesidades? Una sociedad honesta consigo misma y con el
otro. Puff!!
Eso rompería varias formas de ser
y creencias que nos detienen socialmente. La cultura social es algo que nos
define, nos afecta; somos seres en relación. La suma de conciencia puede hacer
cambiar la realidad, tal vez no sea evidente en la generación donde surge, pero
si se manifiesta en el pensamiento, contexto y acciones de las generaciones
venideras.
Sé que de repente puede mostrarse
el futuro un tanto desesperanzador con tanta violencia, injusticias, mentiras,
egoísmo, pobreza; bajo un sistema patriarcal que ve por solo sus intereses, un
México con creencias tan limitantes, absurdas que no solo hacen más que
perjudicar al otro.
Pero pienso que no se cambiarán
hasta que cada uno fortalezca la fuerza interna, se encuentre cada uno consigo
mismo, recupere el propio poder que socialmente hemos cedido. Empezar a ser
honestos con nosotros mismos, compartir las respuestas que hemos encontrado sin
tratar de doctrinar al otro, actuar como nos gustaría que actuaran con nosotros
mismos, fortaleciendo aquello que si queremos contra restará lo que ya requiere
dejar ser sostenido.