A veces uno aprende que
valen más los actos que las palabras, que más vale no ilusionarse con promesas
que uno escucha, ni imaginar mundos compartidos e inexistentes.
Que es más importante tener
una mano que te apoye a través de una tormenta, que dos que quieran bajarte las
estrellas.
También se aprende que aun
sabiendo a dónde se quiere llegar, es mejor no correr, que vida nos sobra y lo
importante no es llegar, sino de disfrutar el caminar.
Se aprende que primero hay que saber
ser tierra y el otro agua, para después ser arcilla.
Que en el amor se trata de dos
y hay que esperar para que el latir de los corazones se funda en uno, para andar hacia el mismo lugar.
Uno aprende que es importante
mantener la mirada siempre atenta, pues uno se ahorra mucha tormenta. Que
una cosa es lo que uno crea en la mente y otra muy distinta es lo que el otro
sea.
Que después de todo ya perdí
la fe, ya que lo que lo que se da no está nada ligado a la realidad.
Pero a pesar de todo, bien
sé que hay que seguir intentándolo ya que un camino compartido es más sabroso.
Y que sobre todo, a veces uno
aprende que construir un mejor futuro, recae en cada acto y pues si quieres
crear algo, más vale actuar para alcanzarlo.
Alejandra Landa
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